Jueves 24 de junio - El rol de la teoría en la investigación social con Patricio Dobrée
Enviado: Junio 21st, 2010 | Autor: admin | Guardado en: Caja de Herramientas | Etiquetas: metodologia, patricio dobree, presentaciones |El próximo jueves, en el marco de los encuentros dedicados al análisis de algunas herramientas metodológicas, se abordarán cuestiones referidas a la construcción del marco teórico en las ciencias sociales.
Durante la primera hora de trabajo, Patricio Dobrée presentará una breve exposición sobre el rol de la teoría en la investigación social. Posteriormente, aquellas personas interesadas en producir un texto sobre un tema vinculado con los ejes del seminario podrán presentar sus avances y discutirlos con los y las demás participantes. Se recomienda leer para este día el capítulo 1 “La construcción del marco teórico en la investigación social” perteneciente al Manual de Metodología escrito por Ruth Sautu y otros.
Las charlas con Patricio son fundamentales para que nuestros ensayos (en tanto intentos) se vayan tejiendo. Es uno de los momentos que más valoro ya que la posibilidad de presentar nuestros ejercicios, confrontarlos con las miradas de los compañeros nos permitirían afinar la propia para que además de formación el seminario genere “producción”, fundamentalmente teórica… Aunque confieso que las sesiones me han abierto nuevas perspectivas para la expresión creativa también.
¡Qué bueno Damián!
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THERE’S NO
FUTURE:
EL RITMO DEL SAN JUAN DE COCA-COLA EN LA NEOLENGUA DEL
CHIPERO-NINJA
MONÓLOGO CRÍTICO DESDE LA PLAZA DE LA
DEMOCRACIA
La música llena todo. La palabra se
ajusta siempre a ella como la letra de esta canción. Que son muchas pero forman
coro. Coro global. Se puede vivir, pensar, morir y hasta componer localmente,
pero no se sonará nunca más que globalmente. Lo no global es silencio.
La música. En música, el presente
siempre fue y siempre es África: África, el magnetismo y la fiebre del ahora.
África, el ritmo, la sangre, el músculo. África, la pasión del movimiento. África, el pulso y
la percusión, la matemática exacta de las venas y de las arterias del sonido.
Y el pasado es, por supuesto, Europa.
Europa, que es la nostalgia y el valor de las palabras. Europa, que es melodía,
que es memoria y sentimiento. Europa, que es la melancolía, hecha de los
reflejos condicionados del “alma” –qué término “otoñal”, delicuescente. Europa,
el color de los sonidos.
Pero el futuro, lo ilimitado, el
espacio de la imaginación, es el aplastante ruido del silencio; es la vasta
intemperie sideral; es el tecno y la invención de lo posible.
En la historia de la sensibilidad, la
música cambia porque el mundo y la vida de las personas cambian, y con su mundo
y su vida cambian también, en mente y cuerpo, las personas. Y el poder de
sugestión de la música, y su influjo sobre la mente y el cuerpo, sobre los
sentidos, las ideas y las pasiones, se asientan en el cuerpo transitorio, en la
carnalidad histórica que da su dirección y su sentido fugaz a cada cultura y a
cada época.
De ahí también, en la nuestra, los
esponsales entre el poder de la música y el auge del consumo (aceptado por
ella, su legítimo sponsor), y de ahí
seguramente hasta el destino mercantil del rock.
En el cuerpo del presente, en su
promocionada fisicidad deseante, en sus vibraciones matéricas descansan estas
vetas comerciales de toda la música contemporánea o releída en clave
contemporánea. El sampleado de toda forma estética precedente para ajustarlo al
ritmo del cuerpo actual, el remake de
la iconografía massmediática que acompaña como su guión gráfico el background de nuestras vidas: he ahí
donde se entierra la clave de toda funcionalidad de la experiencia estética, y
de las discusiones actuales sobre ellas, así como la del poder que encierran o
pueden encerrar aún, y por qué y para quién.
El rock tras los Sex Pistols y the great rock’n’roll swindle, los
sellos indie y el grunge de los 90: qué es aquí y ahora,
en 2010, en medio de la estetización general de la existencia, diría Vattimo,
en medio de la ubicua asimilación del arte, lo extraordinario, a lo ordinario y
lo cotidiano.
La asimilación del ritmo física y
psicológicamente extremo en su intensidad del rock al ritmo low-fi de la cotidianidad guarda aquí su
clave.
Esa clave es el “cómo”: el cómo afecta
esta asimilación al placer de la música, al placer de la vida y, en general, al
placer. Esa clave es la del sentido histórico del placer actual, tanto como el
de la desaprobación actual hacia determinadas formas de placer. La clave de
nosotros: la clave del público, o, cuando menos, de sus sueños y de sus
instintos. Lo que marca un momento ?el hoy? en la historia de la cultura
contemporánea. Su modo de expresar la celebración del goce de vivir y de la
libertad que marcan nuestro ritmo. Lo que se rechaza y por qué, y lo que se
acepta y por qué, y hasta dónde. Los contenidos simbólicos del deseo, del arte,
del goce y la belleza, tras sus metamorfosis más recientes. A quiénes expresan
y representan, y a quiénes no.
En un mundo donde la vida se ha
“estetizado” (Vattimo dixit), analizar esta presencia general, parte
fundamental de la cultura urbana y la vida cotidiana, y también de los cambios
sociales y de los cambios en los valores sociales, es decir, analizar esta
omnipresencia desde una perspectiva sociohistórica como fenómeno cultural
masivo y contemporáneo, es recobrar el hurtado asiento somático de las ideas.
De las ideas, “correctas” o no, que
forja hoy la mente en su visible o aparente incorporeidad. Para atisbar la
trastienda del diálogo neo-platónico o post-socrático que nos absorbe ahora
entre tanteos de miopes deslumbrados por los flashes de la vertiginosa
obsolescencia que también, como la dimensión estética de la cultura humana, se
ha generalizado.
Vértigo que pone el rastro o la pista
de la peculiar estructura cronológica de nuestra contemporánea organización
cultural, social, económica, moral, y, en suma, vital.
Vértigo gemelo, aunque no precisa ni
necesariamente idéntico, del otro vértigo que marca, desde su primer grito, el
“tiempo” propio, la muscular, la “africana” inmediatez del rock, en su cover o su versión hardcore del clásico “carpe
diem”: “One, two, three o’clock, four
o’clock, ROCK!”
El ruido y la furia del lado oscuro
del american dream: esa descarada irrupción
del desorden en su forma más contagiosa y brutal en medio del american way of life, en medio del
bienestar de la posguerra de los 50.
Y hoy, los netos, los metálicos
acordes de su kafkiana transustanciación en el oro del rey Midas. Hoy, o, más
puntualmente (aunque sea lo mismo), esta noche del miércoles 23 de junio de
2010, en el San Juan de Coca-Cola y en medio de la mutante sonrisa inflable y
flúo del Bob Esponja y de las Chicas Superpoderosas del kioskero de la Plaza de la Democracia en Asunción
City, en los extramuros del mundo, si un globo puede tener extramuros,
equidistando en él, como equidista, todo del núcleo, y sin tener periferias. La
neolengua del chipero-ninja escribirá la Biblia de Neón de ningún porvenir, ‘cause there’s no future, porque no hay
futuro, señalan los Sex Pistols para el presente desde su, desde nuestro,
desde, ya, el pasado.
Un pasado prematuramente vuelto
historia al ritmo atropellado de la industria que nos llena de esta nostalgia
precoz por lo que ya no será: porque ya no hay futuro significa: el reloj de la
historia se nos ha escapado girando hasta pararse: ésta es la hora exacta: Twelve o’clock para el Judas Kai de la Plaza
de la Democracia.
La hora del hic et nunc y del gozoso adiós al tiempo tal como se lo vivía
cuando existía historia como se la pensaba hasta hace poco, es decir, cuando
aún cabía entender el concepto de proyecto, entre otros conceptos (¿hay alguno
que no lo esté?) hoy en crisis, es decir, en términos algo vastos, casi apenas
anoche o antenoche, cuando había futuro: antes de la hora exacta. La vieja hora
del instante: para siempre, Twelve
o’clock!: ROCK!”